October 8, 2017

Entrevista con David Crespo

¡Hola!

Hoy es otro de esos domingos en los que os traigo un post extra, porque sí. En este caso es una entrevista con David Crespo, autor de El jardín de Sonoko, libro que leí y reseñé esta semana, así que os dejo el link a la reseña aquí y, os recomiendo que leaís el libro porque os va a sorprender en todos los sentidos. 

Y, ahora sin más dilación os dejo la entrevista. 

Lo primero es lo primero, tanto mis lectores como yo queremos conocerte un poco más. Cuéntanos un poco sobre ti.

Pues soy un tipo bastante mediocre y no creo que destaque en nada de manera especial. Me gusta leer, la música o el buen cine como a todo el mundo y cuando tengo ocasión salgo a correr o a nadar. Apuro los baños de mar tanto como la climatología, o mejor, mi aguante al frío, me lo permite. Quizá, y si tuviera que calificarme de algún modo – cosa que no me parecería del todo justa – diría que soy un hombre esencialmente sensible.

¿Cómo empezaste a escribir?

Primero empecé a dibujar. Recuerdo que me despertaba nada más despuntaba el sol y mientras esperaba a que mis padres se despertaran me aferraba a los rotuladores de colores para tratar de dar forma a las sensaciones o ideas que me salían al paso. Aquello me resultaba divertido y milagroso. Después, mucho después, descubrí que, a pesar de mis malas calificaciones en todas las materias, las descripciones y las redacciones se me daban bastante bien y lo más importante, que cuando escribía era capaz de “hablar” y hacerme entender de una manera que de otra forma me resultaba imposible.

Supongo que como a la gran mayoría de los escritores te gustará leer, ¿quién es tu autor favorito? ¿Y tu libro?

No podría quedarme solo con uno. Pero ahora, si en esta mañana de otoño tenso y caluroso me tuviera que enamorar de alguien supongo que podría rendirme con suma facilidad a los pies de Sōseki y su “Minero”, Tanizaki y la espléndida “Hay quien prefiere las ortigas” y por supuesto y sin dudarlo, con Proust y su indispensable “En busca del tiempo perdido”.  Recientemente –hablo de cuatro o cinco años atrás – he descubierto una autora desgarradora llamada Natsuo Kirino (es un seudónimo). Pero lo dejo aquí, porque como digo, la lista sería demasiado extensa.

El estilo en el que está escrito El jardín de Sonoko es único, muy intimista para conectar con el personaje principal, ¿crees que te has visto influenciado por algún otro autor?

Evidentemente sí. Cualquier escritor respondería afirmativamente a esa pregunta y yo no soy diferente. Me dejo influenciar no solo por todos y cada uno de los escritores que caen entre mis brazos y que logran asirme el alma desde adentro, sino también por los grandes directores de cine o por los músicos. Algunos se quedan conmigo durante poco tiempo, otros no consigo que me abandonen jamás y han pasado a ser una parte esencial de mi manera de ser, pero también, y como no podía ser de otro modo, de escribir. Me decanto por las imágenes sutiles y delicadas y es raro que artistas explícitos logren hacerse un hueco en mi corazón, y sin embargo, ahí está también Auster, Camus, o la anteriormente mencionada Kirino; y sí, también Murakami.

No es habitual ver libros de autores españoles ambientados en el extranjero y, mucho menos en Japón, ¿cómo te dio por ambientar el libro ahí?

Japón ha ejercido siempre sobre mí una atracción fatal y a veces nefasta. Su sombra me ha acompañado larga y oscura desde bien pequeño, cuando sin pretenderlo, me quedaba atrapado entre los fotogramas y los planos largos de las películas que, a veces, pasaban en la segunda cadena a horas en las que un niño de diez u once años debía de estar en la cama. Las referencias se fueron sobreponiendo una encima de la otra como fichas de un inmenso puzle tridimensional y del cine delicado de Ozu pasé al más visceral de Kurosawa e Imamura y luego, a la literatura. El destino quiso que mi vida se entrelazara con mi esposa, Yuki, que es de Kioto. Partes de “Sonoko”, tienen su origen en aquellos lugares que más me gusta frecuentar o estar cuando puedo viajar en Kioto.

Kaoru es un personaje muy especial, no es esa clase de protagonista a la que, por lo menos yo, estoy acostumbrada, ¿cómo fue el proceso de creación del personaje?

No fue un proceso demasiado complejo si partimos del hecho de que, mucho de lo que encontramos en Kaoru, lo podemos también hallar en mí. Me es más fácil elaborar un personaje si me miro al espejo que si parto de cero, y eso creo que se nota. Allen, que es otro de mis referentes, hace lo mismo; su personalidad o una parte importante de ella queda siempre en la superficie de sus protagonistas, de sus obras.

¿Crees que tienes en común algo con Karou?

Como dije antes creo que sí. Como él, soy un ser de rutinas muy estrictas y cuando algo me impide llevarlas a cabo me pongo de mal humor. Quiero creer que esas manías o rituales no llegan al extremo patológico de Kaoru, pero ciertamente los dos tenemos sensibilidades y maneras de entender la realidad de forma parecida.

Uno de los elementos más importantes de la novela, es la leyenda del hilo rojo, una de las pocas cosas, a parte del sushi, de la cultura nipona con la que la mayoría de la gente está familiarizada, ¿no te dio un poco de miedo coger un elemento tan conocido y, darle tantas vueltas como le das en la novela?

Nunca quise que la leyenda fuese la protagonista de la historia, sino Sonoko, Kaoru y la forma en la que sus vidas se van complicando para obligarles a hacer cosas que creían imposibles. Pero claro, dado que tanto Japón como ese destino categórico formaban parte de los protagonistas, debía – aunque de pasada – mencionar ese hilo rojo y tratar de incorporarlo de alguna manera a la trama.

¿Podemos esperar más de ti en el futuro? ¿Hay algún otro libro en el horizonte?

Por supuesto que sí. Necesito seguir explicando historias y mentiría si dijera que no tengo abiertos diferentes frentes y personajes que esperan a que me siente y les de vida, que cuente su historia. Yo escribo dejándome llevar, los esquemas que trazo son pocos o ninguno y nunca sé lo que pasará con los protagonistas o con las situaciones a las que se enfrentan. Un ejemplo de esto es que el piano de “Sonoko”; un elemento primordial de la historia, apareció casi de una línea para otra... Este proceso creativo tiene una parte positiva y otra negativa (como todo). Lo bueno es que la sorpresa es real y palmaria tanto para mí como para el lector. Lo malo es que la escritura suele ser lenta y debo estar preparado para sacrificar o apartar muchas cosas que a priori me gustaban.

Muchas gracias por contestar todas mis preguntas, pero me queda una última. ¿Cuál es la pregunta que te hubiese gustado que te hubiera hecho? ¿Y su respuesta?

¿Crees que la personalidad y el carisma de Kaoru puede llegar a ensombrecer al resto de personajes que aparecen en la novela?

Para nada. Ciertamente, Kaoru, es un personaje muy carismático, pero creo que parte de su magnetismo se sostiene en los contrapuntos ofrecidos por el resto de “actores”; Ikeda, Sonoko, pero también Maki o el mismo piano hacen de Kaoru lo que es.


¡Muchas gracias a ti!



Eso ha sido todo por hoy. Muchísimas gracias a David por contestar todas mis preguntas. Y, ya sé que ya os lo he dicho, pero leed El jardín de Sonoko porque lo vais a disfrutar un montón (ya me agradeceréis la recomendación). 

Nos vemos en el próximo post. 

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